El abogado

Lucien Freud, Hombre fumando
Lucien Freud, Hombre fumando

Al pasar por la calle Mayor de mi pueblo, no sé por qué, pero siempre me paro en el portal número 30. En él hay una placa colgada en la que pone “Anselmo Garcia. Abogado”.

Es un portal muy viejo, muy rancio, pero me gusta porque lo recuerdo desde siempre. Cuando era pequeño me parecía que subir hasta allí debía ser algo muy prohibido y muy importante, y nunca lo conseguí.

El sonido de las máquinas de escribir, utilizadas por las secretarias de don Anselmo, es todo el rato parecido. Clac, clac, clac. A toda velocidad.

El olor a tabaco de pipa que se percibe al pasar por allí, me trae recuerdos. Mi abuelo también fumaba en pipa.

Don Anselmo es muy conocido en el barrio. Es un hombre robusto, con bastantes años, tiene el pelo del color de la ceniza de su pipa, ojos desgastados  por el trabajo y lleva un abrigo marrón y pesado. Su rostro está arrugado como una pasa por el paso del tiempo.

Siempre está pensando en sus asuntos, como si no existiera otra cosa que su despacho hasta que llega la hora de comer o de cenar.

Va muy elegantemente vestido, aunque un poco anticuado. Y en su rostro se ve que es bondadoso, la gente cuenta que a los más pobres les atiende sin cobrarles nada.

Tiene algo que cae bien.

Toda su vida gira alrededor de su despacho. Es su mundo.

 Salem 3º B